La sociedad actual está sufriendo por una crisis de valores, la familia es la base de toda sociedad, y aunque ahora su integración no es como en las décadas pasadas (mamá, papá e hijos) esta situación ni implica que los valores de cada persona se dañen por estos cambios, al contrario deben ser más reforzados. Cada día observamos lamentables manifestaciones como suicidios, homicidios, secuestros, violencia en contra de niños y niñas, racismo, etc., consecuencia de la falta de valores universales; por lo que cobra carácter de urgencia la educación ética de niños y jóvenes. Sin embargo, debemos procurar que sean ellos los que "descubran" por sí mismos en qué consiste una vida fecunda y valiosa de manera que no sientan coartada su libertad al percibir la autoridad o imposición de alguien que intente "enseñarles" sobre valores.Los valores son producto de cambios y transformaciones a lo largo de la historia, surgen con un especial significado y cambian o desaparecen en las distintas épocas. En cada época aparecen nuevos valores o los viejos valores cambian de nombre, sin embargo, hay valores que no cambian, que se conservan de generación en generación, llamados "Valores Universales". 

¿Qué son los valores universales? Cuando hablamos de "valores universales", no referimos a todos aquellos valores que no cambian, que permanecen a través del tiempo a pesar de la sociedad, la época o la cultura. Son los valores que realmente valen la pena para todas las personas, que nos ayudan a ser mejores cada día y servir mejor a los demás, para alcanzar así la trascendencia.

 ¿Cuáles son los Valores Universales? Existen diversos grupos de valores: los utilitarios, los vitales, los estéticos, los intelectuales, los morales y los trascendentales; pero sólo en el grupo de los valores morales podemos encontrar algunos que logran mantenerse constantes y son siempre válidos para todos los tiempos y personas.

El Papa Pablo VI se refería a algunos de los valores que no cambian con el tiempo, y también mencionaba algunos de los principios en los que deben estar basados dichos valores: "poner la persona sobre todo poder o proyecto", "poner la fe y la trascendencia sobre todo intento de minimizar al hombre".

Por otro lado, el Parlamento de las Religiones del Mundo también ha dado un paso en este tema al pronunciar la "Declaración hacia una Ética Mundial", en la cual se propone la base de una ética que brinde la posibilidad de un mejor orden individual y global, que aleje a las personas de la desesperación y las sociedades del caos. Para esto se toma como base las enseñanzas de las distintas religiones del mundo, las cuales contienen un patrimonio común de valores radicales que constituyen la base de una ética mundial.

Amor:  El amor es el principio que crea y sustenta las relaciones humanas con dignidad y profundidad. El amor espiritual nos lleva al silencio, y éste tiene el poder de unir, guiar y liberar a las personas. El amor es la base para el principio de ecuanimidad entre el espíritu y la persona. Cuando el amor está combinado con la fe, crea una base fuerte para la iniciativa y la acción.

Respeto: Conocer el valor propio y honrar el valor de los demás es la verdadera manera de ganar respeto. Respeto es el reconocimiento del valor inherente y los derechos innatos de los individuos y de la sociedad. Estos deben ser reconocidos como el foco central para lograr que las personas se comprometan con un propósito más elevado en la vida.

Paz: Es el fruto de la sana convivencia entre lo seres humanos. Para hacerla posible es necesario un ordenamiento social justo, en el que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades de desarrollarse como personas y les sean respetados sus derechos fundamentales.

Libertad: Es la posibilidad que tenemos de decidir por nosotros mismos cómo actuar en las diferentes situaciones que se nos presentan en la vida. el que es libre elige, entre determinadas opciones, la o las que le parecen mejores o más convenientes, tanto para su bienestar como para el de los demás o el de la sociedad en general.

Bondad: Es la disposición permanente a hacer el bien, de manera amable, generosa y firme. Las personas bondadosas sienten un gran respeto por sus semejantes y se preocupan por su bienestar. Si alguien no está en buena situación y necesita ayuda, el bondadoso no duda en ofrecérsela, y lo hace sin ofender, amorosamente y poniendo un gran interés en ello.

Justicia: La justicia consiste en conocer, respetar y hacer valer los derechos de las personas. Así como ser justos implica reconocer, aplaudir y fomentar las buenas acciones y las buenas causas, también implica condenar todos aquellos comportamientos que hacen daño a los individuos o a la sociedad.

Prudencia: Es el sentido de la moderación y el equilibrio, que nos impide comportarnos de manera ciega e irreflexiva en las múltiples situaciones que debemos sortear en la vida. Una persona prudente se caracteriza por su cautela al actuar, lo cual es resultado del alto valor que le da a su propia vida, a la de los demás y en general a todas las cosas que vale la pena proteger.

Responsabilidad: Es la conciencia acerca de las consecuencias que tiene lo que hacemos o dejamos de hacer sobre nosotros mismos o los demás. La responsabilidad garantiza el cumplimiento de los compromisos adquiridos y genera confianza y tranquilidad entre las personas.

Honestidad: Honestidad significa que no hay contradicciones ni discrepancias entre los pensamientos, palabras o acciones. Ser honesto con el verdadero ser y con el propósito de una tarea gana la confianza de los demás e inspira fe en ellos. Ser honesto exige coraje para decir siempre la verdad y obrar en forma recta y clara.

Tolerancia: Es la expresión más clara del respeto por los demás. Tiene que ver con el reconocimiento de los otros como seres humanos, con derecho a ser aceptados en su individualidad y diferencia. Una persona tolerante atrae a otra diferente mediante el entendimiento y una mentalidad abierta.

Solidaridad: Es cuando dos o más personas se unen y colaboran mutuamente para conseguir un fin común. Es tan grande el poder de la solidaridad, que cuando la ponemos en práctica nos hacemos inmensamente fuertes y podemos asumir sin temor los más grandes desafíos, al tiempo que resistimos con firmeza los embates de la adversidad.

Humildad: Es la conciencia que tenemos acerca de lo que somos, de nuestras fortalezas y debilidades como seres humanos, y que nos impide por lo tanto creernos superiores  a los demás. Una persona humilde hará el esfuerzo de escuchar y de aceptar a los demás. Cuanto más acepte a los demás, más se tendrá a esa persona en gran estima y más se la escuchará. 

Sencillez: Es claridad en la mente e intelecto. Los que personifican la sencillez están libres de pensamientos extenuantes, complicados y extraños. La sencillez invoca al instinto, la intuición y el discernimiento para crear pensamientos con esencia y sentimientos de empatía. En la sencillez hay altruismo, el que personifica esa virtud ha renunciado a la posesividad y está libre de los deseos materiales que distraen el intelecto haciéndolo divagar hacia territorios inútiles.

Laboriosidad: Es el esfuerzo que hacemos para conseguir algo por nosotros mismos o con la ayuda de los demás. Se trata de una fuerza de gran poder de transformación, que ha llevado a la humanidad a los más altos niveles de desarrollo y civilización.

Perseverancia: Es el aliento o la fuerza interior que nos permite llevar a buen término las cosas que emprendemos. Los que son perseverantes tienen una alta motivación y un profundo sentido del compromiso que les impiden abandonar las tareas que comienzan, y los animan a trabajar hasta el final.

Lealtad:  Tiene que ver con el sentimiento de apego, fidelidad y respeto que nos inspiran las personas a las que queremos o las ideas con las que nos identificamos. Los que son leales poseen un alto sentido del compromiso y ellos les permite ser constantes en sus afectos y cumplidores de su palabra.

Generosidad: Es una clara manifestación de nobleza de espíritu y grandeza de corazón en una persona. Los que son generosos son ricos en la capacidad de ofrecer a otros lo más preciado de sí mismos. Sólo con generosidad podemos  situarnos sobre nuestros intereses personales y hacer lo que esté a nuestro alcance para que todos tengamos las mismas oportunidades.

Amistad: Es una de las más nobles y desinteresadas formas de afecto que una personas puede sentir por otra. Los que son amigos se aceptan y se quieren sin condiciones. Un amigo de verdad siempre tendrá las puertas abiertas para su amigo y no lo abandonará ni se alejará de él en los momentos difíciles.

Fortaleza: Es la capacidad que nos permite mantenernos fieles a nuestras convicciones y hacerles frente con firmeza y energía. Gracias a la fortaleza aprendemos a resistir la adversidad, las enfermedades y el dolor, luchando contra ellos sin amargura y con la seguridad de que vamos a salir adelante.

Agradecimiento: Surge cuando una persona se siente en deuda con otra porque le ha procurado algún bien, le ha prestado un servicio o le ha hecho algún regalo. No se trata de devolver favor con favor ni regalo con regalo, sino de sentir y expresar admiración y gratitud por las calidades humanas de quienes nos honran con sus dones.

Los valores que no cambian con el tiempo son aquellos que resultan deseables para todos. Se trata de aquellos valores que se fundamentan en la dignidad incondicionada de todo ser humano. Una dignidad que no admite ser relativizada, que no puede depender de ninguna circunstancia ni condicionarse tampoco a la calidad de vida.